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Investigadores del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA), de la Universidad de Granada, y el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC han confirmado que pinos sometidos a estrés hídrico gestionan mejor sus recursos cuando tienen menos competencia en el entorno. De esta manera, los expertos proponen esta técnica, consistente en reducir la densidad de árboles, como medida para la habituación de los bosques afectados por un clima extremo.
La seca de la encina, que amenaza la sostenibilidad de la dehesa, ha hecho unir fuerzas a administraciones, productores, sociedad civil y comunidad investigadora en torno a la protección de este ecosistema. Aunque se entiende que el pseudohongo oomiceto 'Phytophthora cinnamomisería' el principal causante del declive del encinar, investigadores de la Universidad de Córdoba y el IFAPA 'Alameda del Obispo' han demostrado que las condiciones climáticas también influyen.
La población de estas aves en peligro de extinción, que ha pasado de 403 a 413 ejemplares en el último año, se mantiene estable en Andalucía, según el censo elaborado por la Junta. Esta especie se presenta principalmente en las provincias de Sevilla, Córdoba, Jaén y Huelva, siendo en el mes de marzo cuando se agrupan en las áreas de reproducción o leks.
Un equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), contabiliza la población en el sur de la península en cerca de 30 parejas. Aseguran que el declive de esta ave rapaz es acusado incluso en el área protegida del Parque Nacional de Doñana, donde la reproducción ha dejado de ser exitosa.
Este estudio, en el que participan investigadores de la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Granada, sus autores han analizado una base de datos recopilada por la Asociación Herpetológica Española, que recoge información sobre la presencia de anfibios en toda la Península Ibérica, desde el año 1901 hasta 2015. Señalan que los anfibios de la Península Ibérica viven hoy en condiciones de temperaturas más cálidas que representan un riesgo para su conservación.
La Bahía de Cádiz cuenta con unas 3.500 hectáreas de praderas marinas (contando con la macrolaga Caulerpa prolifera), capaces de absorber más de 32.000 toneladas de CO2 al año. Esta cantidad equivale a lo emitido por la mitad de los coches censados de la ciudad gaditana, según han podido constatar investigadores del grupo Estructura y Dinámica de Ecosistemas Acuáticos (EDEA) de la Universidad de Cádiz.
Un equipo internacional liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que las mareas de presión atmosféricas son claves para entender la dinámica del CO2 en el interior del suelo. En el estudio, que se publica en la revista Journal of Geophysical Research-Biogeosciences, han colaborado la Universidad de Granada, la Universidad de Almería y la Universidad de Delaware (EE. UU.).
Un estudio en el que participan investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Sevilla, revela que la infección de nuevas especies de aves es un fenómeno común entre los parásitos de la malaria aviar, pero el éxito de estos saltos de hospedador depende de la compatibilidad entre parásito y ave, y entre parásito y vector. La comprobación de estas dificultades en el salto de los parásitos entre diferentes especies de aves fue en parte posible a través de un estudio de campo en un islote volcánico situado al norte de las Islas Canarias.