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Investigadores de la Universidad de Almería han analizado más de un centenar de estudios sobre los efectos de esta contaminación en tortugas marinas, cetáceos y peces, que habitan en las zonas superficiales y en el fondo de los ecosistemas acuáticos. Para ello han contado con la colaboración de expertos de la Universidad de Cádiz y de Australia.
El estudio, liderado por un equipo de investigación de la Universidad Pablo de Olavide, es una de las primeras investigaciones científicas que analiza los cambios sistemáticos que ocurren antes de que se produzca la introducción real a un sitio nuevo.
Científicos del departamento de Ecología de la Universidad de Granada han diseñado una nueva técnica para mejorar la calidad de las aguas residuales tratadas mediante el uso de partículas magnéticas que consiguen reducir la concentración de fósforo en el medio acuático y ser recuperado como fertilizante, un trabajo con el que se pretende reducir el impacto antrópico sobre el medioambiente.
En una carta aseguran que “la actual expansión de energías renovables del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) supone la ocupación de centenares de miles de hectáreas con plantas solares y eólicas” y que “muchas localizaciones afectan a áreas esteparias de alto valor ecológico y amenazan a poblaciones de especies de aves y murciélagos protegidos”.
Científicos de la Universidad de Granada y la Pontificia Universidad Católica de Chile demuestran que la tolerancia térmica se escala de manera cuantificable con el tamaño corporal en animales ectotermos (aquellos cuya temperatura corporal depende principalmente de la temperatura ambiental, es decir, la mayoría de los animales).
Tras analizar la biodiversidad de los briozoos, unos diminutos animales coloniales que viven sujetos al fondo, en el monte submarino del Seco de los Olivos, frente a las costas de Almería, un equipo de científicos españoles y brasileños ha identificado 43 especies diferentes, de las cuales tres nunca se habían visto en el Mediterráneo y otra ha resultado ser nueva para la ciencia.
Se han analizado 3.741 huesos pertenecientes a vertebrados muertos recientemente en el Parque Nacional de Doñana para comprender mejor el modo de formación del registro fósil.
Las aves planeadoras como las cigüeñas y las grandes rapaces han evolucionado para volar explotando las corrientes "térmicas" de aire ascendente, elevándose sin esfuerzo para luego deslizarse entre térmicas sucesivas, y recorriendo así enormes distancias con un gasto energético mínimo.