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Un equipo de científicos del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD) ha concluido que las branquias de ciertos insectos acuáticos son el órgano que comparte un mayor número de genes con las alas de los insectos. El hallazgo, realizado en una especie de efímera, que junto a las libélulas, pertenece al grupo de insectos alados más antiguo, resulta clave para descifrar cómo aparecieron las alas en insectos.
Un estudio liderado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descrito cómo han afectado los factores históricos, humanos y ambientales a la diversidad genética de las poblaciones invasoras de esta especie, nativa del sur de los EE.UU. y norte de México y con mayor impacto en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas acuáticos.
Según un estudio liderado por el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) y la Universidad Pablo de Olavide (UPO) centrado en la memoria ecológica de los ecosistemas, la mayoría de los bosques de España recuperaron las tasas de crecimiento frente al efecto acumulado de las sequías extremas en un plazo de dos años.
Es la primera vez que una investigación de este tipo, realizada por la Universidad Pablo de Olavide, demuestra con tanto detalle que la variación entre individuos afecta a la elección del ambiente.
El estudio, desarrollado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y de la Universidad de Barcelona, analizó el movimiento de estas aves que nidifican en la Paraje Natural Marismas del Odiel, Huelva. Los individuos se marcaron con dispositivos GPS y su localización se obtuvo cada cinco minutos durante un año.
Un estudio internacional con participación de Monserrat Vilá, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en la Estación Biológica de Doñana (EBD), concluye que cuando una especie realiza un cambio en su distribución geográfica con el fin de alcanzar un clima más beneficioso para su supervivencia, no sólo se debe asumir que ha sido un triunfo para la conservación de la biodiversidad, sino que se deben tomar en cuenta los efectos ecológicos y los posibles costes para las comunidades receptoras.
Investigadores de la Universidad de Sevilla están llevando a cabo una evaluación ambiental de la calidad del aire durante el periodo de confinamiento por la crisis sanitaria del COVID-19 en la comunidad autónoma de Andalucía. Se hará un estudio comparativo con la situación ambiental previa a marzo de 2020, desde el año 2019, y con la situación ambiental posterior, pasado el estado de alarma.
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha demostrado que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX las zonas donde esta especie de ave podía vivir han derivado hacia una mayor intensificación del uso urbano y agrícola, con aumento de cultivos forestales y regadíos intensivos, y una reducción de los cultivos de secano extensivos y las zonas de matorrales.