Fotografía ilustrativa del artículo
| 16 Nov 2020

Los ríos secos y su contribución al bienestar humano

Autoría: María Rosario Vidal-Abarca

Fuente: Ecomandanga

Río , servicios ecosistémicos

¿Qué es un río seco? Si introducimos la palabra “río” en un buscador cualquiera de internet, aparece la siguiente definición: “una corriente natural de agua que fluye permanentemente y va a desembocar en otra, en un lago o en el mar”. Sin embargo, sabemos que esto no es del todo cierto.

En efecto, hay ríos que llevan agua durante todo el año, los ríos permanentes, y también hay otros que se secan total o parcialmente durante una época del año (por ejemplo, en verano en el hemisferio norte), conocidos como ríos intermitentes. Pero aún hay otro tipo de ríos que no encajan en ninguna de estas definiciones. En todos los ecosistemas terrestres podemos encontrar ríos que casi nunca llevan agua: los ríos secos, grandes olvidados por los gestores fluviales y la sociedad en general. Estos ríos son especialmente abundantes en las regiones más áridas de la Tierra, pero no son exclusivos de estas zonas. De hecho, los ríos secos se encuentran en todos los ámbitos climáticos de la Tierra, desde los desiertos hasta las regiones polares y desde las áreas montañosas hasta el borde del mar. Un ejemplo de este tipo de ríos serían algunas ramblas mediterráneas que solo llevan agua durante algunas horas o pocos días tras periodos de intensas lluvias.

Pero ¿qué es un río seco?, ¿podemos distinguirlos de los ríos intermitentes? En este trabajo definimos los ríos secos como aquellos cauces que nunca llevan agua excepto cuando unas fuertes lluvias esporádicas generan una crecida que se evacua muy rápidamente, que están desconectados de las aguas subterráneas y que no son aptos para mantener una comunidad estable de organismos acuáticos. Así pues, si en estos ríos fluye agua alguna vez, ésta no dura en el cauce más que unas horas o, como mucho, unos pocos días.

Con esta definición queda claro que el hábitat natural en estos ríos es eminentemente terrestre y no acuático, por lo que su biodiversidad y su funcionamiento serán más parecidos a los propios de un ecosistema terrestre. Sin embargo, entran en la categoría de ríos porque paradójicamente se forman y dinamizan por la fuerza del agua de las crecidas. En definitiva, los ríos secos también son parte de la red fluvial de una cuenca hidrológica y deberían ser considerados como tales por los gestores fluviales.

La importancia de los ríos secos para el bienestar humano.

La ausencia permanente de agua en estos ríos es su principal “problema” porque tanto gestores como la población, en general, los consideran ecosistemas inútiles y poco productivos, lo cual agudiza la intensidad y cantidad de agresiones que sufren. En los ríos secos se detectan tanto los principales impactos que amenazan los ecosistemas acuáticos (vertidos de aguas residuales, basuras, extracción de aguas subterráneas, canalizaciones, presas, etc.) como los propios de sistemas terrestres (minería, vertederos, contaminación, impermeabilización del suelo, etc.). Esta situación hace que los ríos secos se encuentren entre los ecosistemas más maltratados del mundo.

A primera vista, podríamos pensar que este tipo tan particular de río tiene pocos beneficios que ofrecer, pero una breve revisión de la literatura científica nos sugiere reevaluar el valor de estos ecosistemas. Según la clasificación del 
IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios de los Ecosistemas), hay tres tipos de contribuciones de la naturaleza a las personas: las materiales, las relacionadas con servicios de regulación (que son las que derivan del buen funcionamiento de los ecosistemas que ayudan a reducir ciertos impactos locales y globales) y las no materiales. Los ríos secos proporcionan numerosos servicios de regulación que son difíciles de percibir por el gran público. Por ejemplo, tienen capacidad para regular el microclima de pequeñas zonas y la vegetación que crece en su lecho y ribera, la cual, aunque escasa, ayuda a controlar la calidad del aire absorbiendo CO2, disminuir la erosión, y facilitar la formación y fertilización del suelo. Además, esta vegetación y las islas que se forman en sus lechos pueden ralentizar la rápida evacuación del agua de las avenidas, disminuyendo su peligrosidad para el ser humano, y también ayudan a la infiltración y acumulación del agua en los acuíferos. Asimismo, estos ríos proporcionan hábitats para muchas especies de fauna terrestre (por ejemplo, para la tortuga mora que en sus lechos excava sus nidos) que cumplen diversas funciones ecológicas, como por ejemplo dispersores de semillas, ingenieros paisajistas, y recicladores de nutrientes, entre otras. Pero también contribuyen al bienestar humano a través de servicios materiales, como alimento, tanto para personas como para el ganado, plantas medicinales, agua y biomasa para producir energía.

Finalmente, estos ríos son especialmente interesantes por su alta capacidad para proporcionar servicios no materiales tanto subjetivos como psicológicos capaces que sustentar la calidad de vida de las personas y el futuro de las poblaciones humanas. Así, en los ríos secos es fácil desarrollar una gran variedad de actividades de ocio y recreo por su facilidad de acceso, son fuente de inspiración para escritores, poetas, pintores y otros artistas, transmiten sensaciones beneficiosas físicas y psicológicas por la serenidad y paz que producen y constituyen lugares especialmente apropiados para el conocimiento y disfrute del medio natural. De este modo, las poblaciones humanas que viven alrededor de ellos han desarrollado un conocimiento ecológico local propio para gestionar de forma sostenible los recursos que les proporciona. Este conocimiento puede ser, en un futuro no muy lejano, especialmente interesante como estrategia adaptativa ante el cambio global. Ojalá sepamos aprovecharlo y que este conocimiento sea tenido en cuenta tanto por la sociedad, como por los gestores y la ciencia para mejorar el estado de los ríos secos y garantizar los numerosos servicios ecosistémicos que nos proveen.

Más información en:

Vidal-Abarca, M.R., Gómez, R.; Sánchez-Montoya, M.M.; Arce, M.I.; Nicolás, N.; Suárez, M.L. (2020). Defining Dry Rivers as the Most Extreme Type of Non-Perennial Fluvial Ecosystems. Sustainability, 12, 7202. doi:10.3390/su12177202.

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