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| 22 Jun 2020

Estudian el papel de los embalses mediterráneos como emisores de gases de efecto invernadero

Un equipo de científicos de la Universidad de Granada (UGR), pertenecientes al departamento de Ecología, ha estudiado por primera vez las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O) en 12 embalses de Granada, Jaén y Córdoba, demostrando que son importantes emisores de gases de efecto invernadero contribuyendo al forzamiento climático de los ecosistemas acuáticos. La geología de la cuenca, la profundidad del embalse y la presión humana en la cuenca determinaron su forzamiento climático (el potencial para absorber calor en la atmósfera).

Un equipo de científicos de la Universidad de Granada (UGR), pertenecientes al departamento de Ecología, ha estudiado por primera vez las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O) en 12 embalses de Granada, Jaén y Córdoba, demostrando que son importantes emisores de gases de efecto invernadero contribuyendo al forzamiento climático de los ecosistemas acuáticos. La geología de la cuenca, la profundidad del embalse y la presión humana en la cuenca determinaron su forzamiento climático (el potencial para absorber calor en la atmósfera).

Elizabeth León-Palmero, investigadora del departamento de Ecología de la Universidad de Granada junto al aparato que permite a los investigadores medir los flujos de CO2, CH4, y N2O de forma simultánea (PICARRO).

El desarrollo humano ha fomentado la construcción de embalses para proporcionar energía y, abastecer de agua para consumo humano y riego agrícola, en especial en regiones como la mediterránea. España, en particular, es el país de Europa con más embalses construidos. Estos sistemas generan un gran impacto social y ambiental, y recientemente, han sido propuestos como fuentes importantes de gases de efecto invernadero (GEI). Existen estudios sobre las emisiones de GEI de embalses en regiones boreales y tropicales, pero apenas existían datos en el bioma Mediterráneo, a pesar de que en esta franja los embalses son muy abundantes. El dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O) son los tres GEI de origen humano más importantes. El CO2 es el más estudiado, mientras que se sabe mucho menos del CH4 y el N2O, a pesar de que tienen un potencial calorífico en la atmósfera de 34 y 298 veces el potencial calorífico del CO2 a 100 años, respectivamente.

En esta investigación, publicada en la revista Environmental Research Letters, los científicos de la UGR observaron que los embalses ubicados en zonas calcáreas emitieron más CO2 a la atmósfera que los embalses localizados en zonas silíceas que, en ocasiones,podían incluso ser sumideros de CO2. Todos los embalses emitieron CH4, que estuvieron relacionadas con la temperatura, la profundidad del embalse y la eutrofización (es decir, sistemas que se vuelven “verdes” por que reciben exceso de nutrientes).

Eulogio Corral, técnico de laboratorio del departamento de Ecología de la Universidad de Granada.

Los sistemas con mayor temperatura, más someros, y más “verdes” son los que emitieron más metano, destacando el caso del embalse de Cubillas. Las emisiones de N2O fueron muy importantes en sistemas localizados en zonas agrícolas y urbanas, que daban lugar a grandes entradas de nitrógeno. Las mayores emisiones de N2O se obtuvieron en el embalse de Iznájar. Los embalses localizados en áreas con una cobertura de bosque superior al 40% actuaron como sumideros.

A continuación, se sumaron las emisiones de los tres gases, pero usando equivalentes de CO2 según su potencial calorífico. Determinamos que en conjunto, el mayor forzamiento climático por metro cuadrado se localizó en el embalse de Cubillas, mientras que por área total del embalse, Iznájar tuvo el mayor forzamiento climático. El forzamiento, además, fue mucho mayor en verano, que en invierno. Los datos de esta investigación “nos ayudan no sólo a conocer el impacto de los embalses ya construidos, sino también a encontrar medidas para disminuir las emisiones, e incluso anticipar el impacto de la construcción de futuros embalses. Si establecemos medidas enfocadas a disminuir la entrada de nutrientes en los sistemas acuáticos, como mejorar los tratamientos terciarios de las depuración de aguas y disminución el uso de fertilizantes, no sólo mejorarían la calidad de las aguas, sino que podríamos disminuir las emisiones de CH4 y N2O”, destacan los autores.

En la actualidad estamos viviendo un “boom” en la construcción de embalses a nivel global, especialmente en los países con economías emergentes, dónde se han planificado o se están construyendo más de 3.000 grandes presas destinadas a la producción de energía hidroeléctrica, por lo que anticipar su impacto climático es de vital importancia. Además, si es posible la construcción de embalses en litologías silíceas, boscosas y con cañones profundos minimizarán sus emisiones de GEI.

Uno de los embalses estudiado en este trabajo.

Esta investigación ha sido financiada por los proyecto HERA(CGL2014-52362-R), y CRONOS (RTI2018-098849-B-I00), la unidad de excelencia Modeling Nature(UCE.PP2017.03) y la Consejería de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad and European Regional Development Fund (ERDF, ref. SOMM17 SOMM17/6109/UGR). Forma parte de la tesis doctoral de Elizabeth León-Palmero (FPU 014/02917), dentro del programa de doctorado de Biología Fundamental y de Sistemas de la Universidad de Granada.

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