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| 08 May 2020

El efecto de la testosterona sobre la ‘barriga negra’ del ciervo, un rasgo sexual que surge durante la berrea, está mediado por el nivel de competencia por el apareamiento

La Unidad de Investigación en Recursos Cinegéticos y Piscícolas de la Universidad de Córdoba ha explorado la correlación entre esta hormona masculina y la expresión de uno de estos rasgos sexuales en el ciervo ibérico y ha llegado a la conclusión de que esta relación está condicionada por un factor externo: el nivel de competencia intrasexual, o lo que es lo mismo, la rivalidad por el apareamiento.

La testosterona es imprescindible en la reproducción sexual y juega un papel fundamental en la temporada de apareamiento de muchos seres vivos. Entre otras funciones, esta hormona masculina se encarga de estimular la expresión de ciertos rasgos sexuales, ‘avisos’ químicos o visuales que forman parte del ritual de seducción y que informan de que el animal está dispuesto y preparado para la cópula.

Ejemplares de ciervo.

La Unidad de Investigación en Recursos Cinegéticos y Piscícolas de la Universidad de Córdoba ha explorado la correlación entre esta hormona masculina y la expresión de uno de estos rasgos sexuales en el ciervo ibérico y ha llegado a la conclusión de que esta relación está condicionada por un factor externo: el nivel de competencia intrasexual, o lo que es lo mismo, la rivalidad por el apareamiento.

Concretamente, el estudio ha analizado lo que se conoce como ‘barriga negra’ del ciervo, uno de sus principales rasgos sexuales. En época de berrea, el macho se orina sobre su propio vientre y libera una serie de metabolitos que al oxidarse y en contacto con su pelaje producen una mancha oscura a modo de aviso.

El trabajo ha examinado la relación entre esta mancha negra y el nivel de testosterona en contextos de competencia intensa -en los que el número elevado de machos provoca una gran rivalidad -y en situaciones de baja competencia -en las que hay mayor número de hembras o la mayoría de los machos aún no están en edad de procrear-.

Según los resultados de la investigación, existe una relación positiva entre el tamaño de esta mancha negra -que en ocasiones puede llegar a medir hasta 70 centímetros-, y el nivel de testosterona, por lo que aquellos individuos que consiguen segregar mayores cantidades de esta hormona son capaces de desarrollar un rasgo sexual más amplio y llamativo. En estas situaciones, la testosterona empuja al ciervo a ‘mancharse’ la barriga para ser competitivo

Ahora bien, está correlación únicamente se cumple en contextos competitivos intensos. “Solo en poblaciones en los que la proporción de machos rivales es elevada, los individuos con altos niveles de testosterona desarrollaron una mancha negra más grande. En situaciones de competencia baja, no hemos encontrado ninguna relación significativa entre estos niveles”, explica la investigadora Eva de la Peña.

Los resultados, según se destaca en la propia investigación, “refuerzan la idea de que el efecto de la testosterona en el desarrollo de los rasgos sexuales está mediado por la intensidad de la competencia”. El animal es capaz de modular sus respuestas en función de lo que ‘observa’ en su entorno social y este comportamiento podría tener una explicación desde el punto de vista de la supervivencia.

El desarrollo de esta mancha negra en la barriga, al igual que otras señales sexuales en la que está implicada la testosterona, conlleva un efecto supresor del sistema inmunitario, un peaje que el ciervo no está dispuesto a pagar a menos que merezca la pena el esfuerzo. En situaciones de baja competencia, en las que el animal tiene más fácil el apareamiento, no hay necesidad de hacer trabajar al organismo más de lo necesario. Solo cuando la situación se complica, el ciervo saca a pasear sus mejores galas con el objetivo de reproducirse.

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