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Un estudio de la Universidad de Cádiz se centra en encontrar nuevas formas para aumentar la producción agraria cultivando diversos tipos a la vez. El intercultivo o ‘intercropping’, técnica de cultivar dos o tres especies a la vez en un mismo campo agrícola, ha demostrado su eficacia con la mejora en el control de plagas o la optimización de los recursos del suelo. Su uso está empezando a ser cada vez más frecuente en agricultura y los expertos buscan perfeccionar este procedimiento frente al monocultivo.
Un equipo de investigación de la Universidad de Almería y la Universidad de Eötvös Loránd ha demostrado a través de este método los efectos que tiene la ausencia de alimento en dos especies de chinches usadas para controlar daños en los cultivos. Con esta técnica se establece cuál es el momento de liberarlas y su cantidad óptima. Asimismo, constatan que las hembras que devoran congéneres son más longevas y más fértiles, por tanto, más efectivas para controlar la infestación.
Investigadores de la Universidad de Jaén realizan una revisión de las plantas que las componen, reduciendo a ocho las asociaciones vegetales de la treintena de fitocenosis que se habían descrito hasta ahora. Alertan del peligro que la presión turística y el cambio climático suponen para estas masas de vegetación, las cuales en muchos casos son la única fuente de riqueza para la población que habita estos ecosistemas, la mayoría localizados en países en vías de desarrollo.
El método SBPQ se basa en el estudio de la evolución de ciertas especies marinas con potencial bioindicador para detectar cambios que puedan indicar alteraciones en el entorno. Esta técnica permite alertar sobre incidencias de carácter local, como las derivadas de la contaminación del agua por emisarios urbanos de aguas residuales que las vierten deficientemente depuradas; global, que se hacen patentes mediante la monitorización del cambio climático a partir de especies sensibles a la elevación de la temperatura; o bien motivadas por la intrusión de especies con potencial invasor.
Un equipo de científicos del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD) ha concluido que las branquias de ciertos insectos acuáticos son el órgano que comparte un mayor número de genes con las alas de los insectos. El hallazgo, realizado en una especie de efímera, que junto a las libélulas, pertenece al grupo de insectos alados más antiguo, resulta clave para descifrar cómo aparecieron las alas en insectos.
Es la primera vez que una investigación de este tipo, realizada por la Universidad Pablo de Olavide, demuestra con tanto detalle que la variación entre individuos afecta a la elección del ambiente.
La Universidad de Córdoba ha estudiado el mecanismo de transporte de glucosa de las cianobacterias marinas, demostrando que cuando encuentran compuestos de este tipo que son interesantes para su alimentación, como glucosa, aminoácidos o compuestos que contienen hierro, azufre o fósforo, estos organismos los toman y consiguen ser más competitivos.
Investigadores almerienses han logrado que las larvas de la mosca soldado negra aumenten sus niveles de algunos ácidos grasos al alimentarlos con desechos de pescado. Este trabajo convierte un residuo pesquero en materia prima con la que elaborar un alimento de mayor calidad para la acuicultura.