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Fotografía ilustrativa del artículo
| 30 Sep 2026

Reconstruyen los últimos veinticinco millones de años de historia de la península ibérica a través del análisis de decenas de miles de fósiles de micromamíferos

El estudio analiza información de decenas de miles de fósiles de roedores, lagomorfos e insectívoros procedentes de 400 yacimientos de la península ibérica. El innovador método cuantitativo aplicado consigue calibrar las edades de las localidades de hasta 25 millones de años.

Un equipo de investigación liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en el que también participa la Estación Biológica de Doñana-CSIC ha reconstruido los últimos veinticinco millones de años de historia de la península ibérica a través del análisis, con un innovador modelo cuantitativo, de decenas de miles de fósiles de micromamíferos de 400 yacimientos.

Una de las principales aportaciones del trabajo publicado en Earth-Science Reviews es la datación de aquellos yacimientos que hasta ahora carecían de ella. Así, los investigadores han afinado un preciso reloj geobiológico que desvela las claves de las transiciones evolutivas durante el Neógeno-Cuaternario para comprender cómo la fauna ha respondido históricamente a los cambios ambientales.

Un lirón careto, una de las especies que abarca el estudio. / Animalia.

“Establecer una escala temporal precisa en yacimientos continentales terrestres ha sido históricamente uno de los mayores retos para la geología. A diferencia de los sedimentos marinos, que se acumulan de forma continua, el registro terrestre se conserva de manera fragmentada en cuencas sedimentarias aisladas”, destaca Manuel Hernández Fernández, catedrático del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la UCM y uno de los autores del trabajo.

Más allá de ratones y ardillas

Una de las novedades de este trabajo es el tipo de especies incluidas. Hasta la fecha, los análisis de este tipo se dedicaban mayoritariamente al estudio de los roedores (grupo que incluye a ratones, ardillas, lirones, castores, etc.).

«Nosotros hemos integrado en el análisis también a los lagomorfos (conejos, liebres y pikas) y a los insectívoros (musarañas, topos y erizos), que suponen el 22% del total de las especies de la base de datos», explica Rubén Juidíaz, investigador predoctoral de la UCM y primer autor del artículo. Los resultados demuestran, continúa el investigador, que añadir estos nuevos grupos puede resultar decisivo ya que algunas de sus especies actúan como excelentes «marcadores» cronológicos en ciertos intervalos temporales.

El estudio ha conseguido calibrar las edades de las localidades analizadas con una gran precisión, sin precedentes para la mayor parte del registro analizado. No obstante, el método pierde resolución en los milenios más recientes, identificando los últimos 50 000 años del registro como un límite en la precisión del método.

“En este lapso temporal tan reciente, debido a su brevedad temporal, la escasez de eventos de aparición de nuevas especies o de extinción de micromamíferos, la fragmentación de sus poblaciones en refugios climáticos ibéricos durante la última gran glaciación y la llegada asíncrona de especies comensales vinculadas al ser humano (como ratas y ratones domésticos), distorsionan la homogeneidad necesaria para una ordenación biocronológica adecuada”, explica Fernando Blanco, investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

El primer paso para llevar a cabo el trabajo fue reunir la información del registro fósil ibérico, que se puede considerar privilegiado a escala mundial: 322 especies y más de 4.000 registros de su presencia en cerca de 400 yacimientos de 20 cuencas cenozoicas diferentes.

Para poner orden en el inmenso volumen de datos, se recurrió al método matemático de Ordenación por Eventos de Aparición por Máxima Verosimilitud (ML AEO). Este algoritmo analiza de forma probabilística las relaciones de coexistencia (conjunciones) o exclusión (disyunciones) entre las distintas especies, respetando rigurosamente las 55 secuencias estratigráficas observadas sobre el terreno, para determinar el orden cronológico de los eventos de aparición y extinción y otorgar un índice temporal a cada yacimiento.

Finalmente, mediante un modelo estadístico de regresión segmentada calibrado con 156 dataciones obtenidas previamente por técnicas de análisis geofísico (como radiometría, termoluminiscencia o magnetoestratigrafía), el modelo fue capaz de asignar una edad numérica a todos los yacimientos estudiados.

Revisión de fechas

Además de datar los yacimientos, el estudio ha detectado discordancias con trabajos anteriores previos. El 6,8% de las asociaciones fósiles analizadas se posicionaron en fechas numéricas significativamente diferentes a las que se les había asignado tradicionalmente.

De esta manera, el nuevo modelo puede actuar como un sistema de depuración biocronológica, localizando yacimientos y taxones que podrían requerir una reevaluación de la composición de sus faunas, sus contextos ambientales y su verdadera posición en el tiempo.

«Este marco no pretende sustituir las escalas tradicionales basadas en especies clave, sino actuar como un reloj complementario e independiente», aclara Soledad Domingo, profesora titular de la UCM y co-directora del grupo de investigación UCM sobre Evolución de Mamíferos y Paleoambientes Continentales Cenozoicos.

De cara al futuro, al establecer una línea temporal de gran rigor, este trabajo abre las puertas a una nueva generación de estudios de alta resolución sobre macroevolución, paleoecología y paleoclimatología que desentrañarán las respuestas de las comunidades biológicas terrestres frente a los episodios de cambio climático global experimentados por nuestro planeta durante los últimos 25 millones de años.

“Transformando el magnífico catálogo del registro fósil ibérico en un motor de descubrimiento ecológico y evolutivo, podremos pasar de ordenar eventos temporales a interpretar los grandes misterios de la vida en nuestro planeta”, concluye Manuel Hernández Fernández.

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