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| 09 Feb 2026

Las áreas altamente protegidas, como parques y reservas naturales, amortiguan los efectos de la aridez en las tierras secas

Un estudio liderado desde el IRNAS-CSIC ha revelado que las áreas de máxima protección medioambiental (categorías I y II de la UICN) actúan como escudo frente a los efectos de la aridez y la sequedad en las tierras secas, que constituyen más del 41% del planeta. Los investigadores alerta de que tan solo un 7% de las tierras secas están actualmente bajo estas categorías.

Una investigación internacional liderada desde el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC) concluye que las áreas con un alto nivel de protección medioambiental, como reservas naturales y parques nacionales, son capaces de amortiguar los efectos de la aridez en estas tierras, aumentando así su resistencia frente al cambio climático. El trabajo se publica en la revista Nature Plants.

Casi 2500 millones de personas viven en las llamadas tierras secas, ecosistemas con pocas precipitaciones y un alto riesgo de desertificación. Las tierras secas cubren más del 41% de la superficie terrestre y albergan al 38% de la población mundial. Estas regiones son extremadamente vulnerables al cambio climático y, a partir de cierto umbral, un pequeño aumento de la sequedad provoca una caída drástica en la productividad del ecosistema; esto es, en su capacidad de albergar vida.

Parque nacional de Cabañeros, en Castilla La Mancha / Foto: Virginia Torralba

Parque nacional de Cabañeros

La investigación concluye que las zonas con niveles de protección correspondientes a las categorías I y II de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) —es decir, reservas naturales, áreas silvestres y parques nacionales— pueden amortiguar y retrasar de forma significativa la aparición de estos umbrales de aridez, lo que implica que los ecosistemas áridos deben volverse sustancialmente más secos antes de sufrir un colapso productivo.

“Hasta ahora, se pensaba que los umbrales de aridez eran inamovibles. Nuestro estudio contradice esta idea y demuestra que las figuras de conservación son eficaces”, explica el investigador del CSIC Manuel Delgado Baquerizo. “Sin embargo, no todos los niveles de protección tienen la misma eficacia: no es lo mismo una reserva natural (categoría I) que un parque nacional (categoría II). Es más, las zonas con bajos niveles de protección mostraron umbrales de aridez similares a los de las áreas desprotegidas, lo que sugiere que no son eficaces en la protección contra la aridez”, añade.

El estudio alerta además de que, de los más de 18.000 paisajes estudiados, tan solo alrededor de un 7% cuentan actualmente los niveles de protección más altos. “Creemos que, a la vista de los futuros escenarios de cambio climático, aumentar las zonas protegidas y los niveles de las mismas es una medida necesaria para la conservación”,
concluye el científico.

Una investigación a escala global

La investigación, basada en un amplio análisis de datos ambientales a escala global durante 23 años (2001-2023), analiza más de 18.000 paisajes de tierras secas de todo el mundo. El equipo comparó la productividad de la vegetación en tres tipos de áreas: zonas sin protección, zonas con un nivel de protección bajo (categorías III o superior de la UICN, como áreas de gestión de caza o parques regionales) y áreas de alta protección (categorías I y II de la UICN, que incluyen reservas naturales y parques nacionales).

Según el estudio, la capacidad de las áreas altamente protegidas para resistir mayores niveles de aridez se puede atribuir a múltiples factores, como una menor presión antropogénica, mayores niveles de biodiversidad y una mejor estructura del suelo y la vegetación. Estos elementos, en conjunto, fortalecen la resiliencia del ecosistema y garantizan la continuidad de los servicios ecosistémicos de los que depende una gran parte de la población humana.

“Los resultados sugieren que las acciones de conservación deberían estar encaminadas a evitar los cambios de uso del suelo y a proteger estos ecosistemas de la excesiva actividad humana”, abunda Delgado Baquerizo. El estudio comprobó que el efecto protector se mantiene tanto en ecosistemas dominados por vegetación leñosa como en aquellos con vegetación no leñosa, incluso cuando se tienen en cuenta las zonas de pastoreo. El trabajo sugiere además que la dinámica estacional desempeña un papel crucial en la configuración de las respuestas de los ecosistemas a la aridez, especialmente en las zonas con niveles de protección más bajos.

Qué son las tierras secas

Las tierras secas se caracterizan por la escasez de agua y la impredecibilidad de las lluvias, así como su vulnerabilidad al cambio climático. En total, según la Conferencia de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD), estos ecosistemas copan entre el 39 y el 45 por ciento de la superficie del planeta. Casi el 20% están destinados a cultivos (de secano o regadío), aunque su uso más frecuente es el de pastizales para el ganado.

En función de su índice de aridez (resultado de dividir la precipitación media anual por la evapotranspiración potencial) las tierras secas se dividen en varias categorías: subhúmedas secas, que representan el 18% de la superficie terrestre; semiáridas, que son el 20% de la superficie; y áridas, que constituyen el 7% de la tierra. Los desiertos
hiperáridos no se incluyen dentro de las tierras secas, sino que se consideran un tipo diferente de ecosistema.

Referencia:

Delgado-Baquerizo, M., Eldridge, D.J., Feng, Y. et al. Highly protected areas buffer against aridity thresholds in global drylands. Nat. Plants (2025). DOI: https://doi.org/10.1038/s41477-025-02099-2

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