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| 14 Ene 2015

Una mirada a las nuevas epidemias

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El último brote del Ébola ha despertado el interés por otras enfermedades que, al igual que el virus africano, pueden aparecer en países donde antes no existían o incluso resurgir con mayor virulencia. Son las llamadas enfermedades emergentes y reemergentes

¿Qué tienen en común el cólera, el Sida o las vacas locas? Además de su origen infeccioso –ya sea mediante virus, bacterias o parásitos- y su capacidad para provocar una epidemia, las tres pertenecen al grupo de las denominadas enfermedades emergentes. Se trata de patologías nuevas o que siendo conocidas, han aparecido en los últimos 20 años en nuevos lugares donde antes no existían.

Junto a ellas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye las reemergentes, aquéllas enfermedades infecciosas, conocidas y tratadas, que resurgen con un índice de mortalidad mayor. Es el caso de la tuberculosis, el cólera o el paludismo. Y también del Ébola, de la que se tiene noticia desde 1976 en África Central, pero que el año pasado reemergió con virulencia fuera de esa zona, en los tres países que ya sabemos: Liberia, Guinea Conakry y Sierra Leona.

Pero qué factores pueden incidir en la reaparición de estas enfermedades. Para Anselmo Perea, catedrático de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba, existen tres causas primordiales.

La primera, la movilidad de las poblaciones humanas y de animales, potenciada por los actuales medios de transporte. “Hoy un virus o una bacteria está en un lugar y mañana en otro. El síndrome respiratorio agudo (SARS), una forma de neumonía, se inicia en China y es transmitido a países como Vietnam porque las personas infectadas viajaron”, indica el investigador a la revista iDescubre.

El comercio de los productos alimentarios derivados de animales enfermos es otra de las razones. El caso más evidente es el de las vacas locas. “El consumo de harinas de carne y hueso elaboradas con vacuno contaminado fue el vehículo para propagar la enfermedad”, continúa.

Ébola en la célula (2)

Ébola en la célula. Fuente: National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID).

Otro factor importante son las propias modificaciones del medio natural. En este sentido, el experto indica que la creación de sistemas de regadío o de lagos artificiales son un foco de atención para determinados agentes infecciosos que se desarrollan de forma más eficiente en ambientes acuáticos. “Esto es lo que ocurre con la leishmaniosis –o enfermedad del mosquito- en los perros: en zonas cálidas con humedales aumenta el número de insectos y, con ello, las posibilidades de un mayor contagio”.

Al igual que el Ébola, la prevención va a estar ligada a las propias características de la enfermedad y también a su incidencia en un país concreto. Así, tal y como señala Anselmo Perea, “en España existen programas de vigilancia y alerta para evitar la posible emergencia de la enfermedad del Nilo occidental, de la que ya se han dado casos en el territorio nacional”.

Otras veces, en cambio, ha sido necesario que aparezcan los primeros casos evidentes de la enfermedad para, a continuación, investigar el origen de la epidemia y, en consecuencia, evitar las fuentes de infección y los sistemas de transmisión. Además, el hecho de que algunas se manifiesten con síntomas similares a los de otras enfermedades tampoco facilita el establecimiento de medidas preventivas.

Virus inestables. Como no podía ser de otra forma, la investigación desempeña un rol decisivo en el control de estas infecciones. Las vacunas continúan siendo el modo más eficaz para combatirlas pero no el único. “Los antibióticos o antimicrobianos son muy útiles en el caso de enfermedades causadas por bacterias. Sin embargo, si el origen es un virus, los fármacos capaces de anularlos o destruirlos (viricidas) tienen una eficacia relativa”, explica el catedrático de la Universidad de Córdoba.

La explicación está en la propia estructura del virus, muchos de ellos formados por cepas (variantes del virus original) que se van modificando a lo largo del tiempo. Esto es lo que ocurre con la gripe. Si fuera el mismo sería suficiente con una vacuna y otra de recuerdo cada 8-10 años. Sin embargo, nos vemos obligados a acudir puntualmente a la cita con el centro de salud todos los años.

La diversidad de agentes infecciosos causantes de enfermedades emergentes o reemergentes provoca que los sistemas de contagio entre humanos sean diferentes en cada una de ellas. “Por eso, la educación, la información a la sociedad, en general, y a los profesionales sanitarios, en particular, son los focos de actuación donde gobiernos y autoridades sanitarias tienen que actuar para evitar la aparición de estas nuevas epidemias”, concluye el investigador.

Enfermedades zoonóticas

La mayoría de enfermedades emergentes comparten un origen animal: son trasmitidas al hombre por animales, a través de fluidos corporales como orina o saliva, o por consumo de alimentos de origen animal. Es decir, son enfermedades zoonóticas. Éstas son algunas de ellas:

Síndrome respiratorio agudo grave. Forma de neumonía, causada por un virus de la familia coronavirus (debido a su forma de corona). Los reservorios naturales son los murciélagos que contagian a pequeños mamíferos como las civetas que se comercializan en los mercados chinos o tailandeses. Se identificó por primera vez en el año 2003 en China.

Encefalopatía espongiforme bovina o enfermedad de las vacas locas. Causada por priones (partículas proteicas más pequeñas que un virus), se detectó por primera vez en 1986 en el Reino Unido. Se transmite al hombre mediante el consumo de carne vacuna infectada.

Fiebre del Nilo Occidental. Virus que se identifica en 1953 en aves del delta del Nilo. Se transmite a las personas por picaduras de mosquitos que, a su vez, se infectan cuando pican a aves ya enfermas.

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