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| 30 Nov 2015

Pruebas de que el cambio climático es ya una realidad

Durante las próximas semanas, en el marco de la Cumbre del Clima de París, presentaremos algunas de las claves que evidencian el calentamiento global y sus consecuencias, así como las predicciones que la comunidad científica proyecta ante los diferentes escenarios futuros. Esta lista, que iremos actualizando día a día, no pretende ser una recopilación de todas las publicaciones e informes de referencia, sino hacer una llamada de atención ante uno de los principales retos mundiales: frenar el cambio climático. Esta modificación del clima se ha convertido en la principal amenaza potencial a la biodiversidad y sus efectos afectan al ser humano al traducirse en el aumento del nivel del mar, una mayor frecuencia de eventos meteorológicos extremos, cambios en la agricultura y la pesca, en la disponibilidad de agua, la degradación de la calidad del aire, la distribución o virulencia de enfermedades, etc.

¿Qué evidencias tenemos de que el cambio climático es una realidad?

El calentamiento del clima

El calentamiento en el sistema climático es un hecho y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos decenios. Se ha detectado la influencia humana en el calentamiento de la atmósfera y el océano, en alteraciones en el ciclo global del agua, en reducciones de la cantidad de nieve y hielo, en la elevación media mundial del nivel del mar y en cambios en algunos fenómenos climáticos extremos (IPCC, 2013).  Por ejemplo, según las observaciones (línea negra de la gráfica), la temperatura del aire ha aumentado 1,5  °C de media en un siglo.  Estas observaciones se basan en mediciones directas y en la teledetección de satélites. Las de temperatura se empezaron a obtener desde mediados del siglo XIX y desde 1950 los datos son más completos y diversos.

Promedio global del cambio de temperatura del aire en la superficie terrestre. Fuente: IPCC, 2013.

Promedio global del cambio de temperatura del aire en la superficie terrestre. Fuente: IPCC, 2013.

 

El Ártico se derrite

En muchas regiones, las cambiantes precipitaciones o el derretimiento de nieve y hielo están modificando los recursos hídricos. Los glaciares siguen retrocediendo prácticamente por todo el planeta debido al cambio climático, lo que afecta a la escorrentía y los recursos hídricos aguas abajo (IPCC, 2014). En los último 20 años, el hielo de Groenlandia y la Antártida han ido perdiendo masa y los glaciares continúan menguando.

Las cifras hablan por sí solas sobre el calentamiento del Ártico y el descenso de la masa de hielo. Una de las pruebas más visible del cambio climático fue el derretimiento en 2011 de hasta el 40% de los hielos del mar Ártico durante el verano (NSIDC, 2011). Ya, en el año 2008, por primera vez en la historia documentada, la cubierta de hielo ártica quedó rodeada por aguas abiertas. La pérdida y deterioro del hielo en esta zona puede suponer la destrucción de todo el ecosistema ártico ya que es la plataforma de la vida que alberga, fuente de alimento, base del patrimonio cultural de los pueblos esquimales, superficie para el transporte, etc. El mínimo del hielo marino del Ártico medido por satélites de la NASA en el verano de 2015 ha sido el cuarto más bajo registrado desde que comenzaron las observaciones desde el espacio. 

Si siguen aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que antes de mediados de siglo el océano Ártico esté libre de hielo en el mes de septiembre (IPCC, 2013).

Promedio de la extensión del hielo marino del Ártico en verano (julio, agosto y septiembre). Fuente: IPCC, 2013.

Promedio de la extensión del hielo marino del Ártico en verano (julio, agosto y septiembre). Fuente: IPCC, 2013.

 

Los océanos se acidifican

Los océanos han absorbido alrededor del 30% del dióxido de carbono antropógeno emitido, provocando su acidificación (IPCC, 2013). La acidificación del océano es la disminución del pH del océano durante un período prolongado, decenios o más, causado principalmente por la incorporación del CO2  de la atmósfera. Por tanto, este proceso y el cambio climático están íntimamente relacionados porque tienen una causa común: el incremento de CO2  en la atmósfera.

La acidificación del océano se cuantifica mediante la disminución del pH. El pH del agua del océano superficial ha disminuido en 0,1 desde el comienzo de la era industrial, lo que corresponde a un aumento del 26% en la concentración de iones de hidrógeno.

A partir de campañas oceanográficas multidisciplinares y también mediante experimentos en laboratorio, la comunidad científica lleva años estudiando cómo afecta la bajada de pH del agua del mar a los ecosistemas marinos y en qué medida los organismos se adaptan a este cambio en la química del océano. Un ejemplo de ello son las investigaciones sobre el blanqueamiento de las barreras de coral o los efectos en las especies con caparazón o concha (Hoegh-Guldberg et al., 2007). La acidificación de los océanos disminuye la capacidad de estos seres vivos para crear y mantener sus conchas y esqueletos (Fahrenkamp-Uppenbrink et al., 2015), ya que, en términos generales, un pH ácido disuelve el carbonato cálcico del que están compuestos.

Presión de CO2 disuelto en el océano superficial  (líneas azules)  y pH in situ (líneas verdes). Fuente: IPCC, 2013.

Presión de CO2 disuelto en el océano superficial (líneas azules)
y pH in situ (líneas verdes). Fuente: IPCC, 2013.

 

Cambios en la fenología de las especies

Se ha detectado que el cambio climático es el principal factor que influye en las alteraciones de la fenología de los organismos, es decir, que afecta de alguna manera al ciclo vital de los seres vivos dependiendo del tipo de ecosistema (Thackeray et al., 2010).  Hay evidencias de plantas que fructifican y florecen más temprano o de adelantos en las fenofases (características poblacionales de expresividad externa que corresponde a las fluctuaciones estacionales) de animales invertebrados, anfibios o aves. Estos cambios fenológicos interfieren en el funcionamiento, persistencia y resistencia de los ecosistemas debido a un desacople en los componentes de la red trófica, que tiene a su vez consecuencias en los servicios que prestan a la humanidad.

En Sierra Nevada, los resultados del seguimiento de los efectos del cambio global muestran que, a medida que ascendemos en altitud (Zamora et al., 2015):

  • las mariposas diurnas adelantan su fecha de vuelo (de media unos 9 días/km para las especies estudiadas), al igual que ocurre con la mariposa de la procesionaria del pino. Las primaveras cálidas, y más concretamente las temperaturas altas del mes de mayo, provocan un adelanto del periodo de vuelo de la mariposa apolo de Sierra Nevada.

    'Parnassius apollo' recién emergida con la Laguna Seca (2.280 m) al fondo. Imagen: José Miguel Barea Azcón.

    ‘Parnassius apollo’ recién emergida con la Laguna Seca (2.280 m) al fondo. Imagen: José Miguel Barea Azcón.

 

  • la floración de las especies vegetales estudiadas, entre ellas el almendro, la retama, la albaida y  el roble,  se retrasa según un patrón constante para cada una de ellas. Por ejemplo, 19 días/km de ascensión para el almendro o 61 días/km para la albaida.
Las leguminosas arbustivas, como 'Adenocarpus decorticans', desarrollan una floración masiva que facilita la identificación de las diferentes fases durante el proceso de seguimiento. Fuente: Aspizua et al., 2012.

Las leguminosas arbustivas, como ‘Adenocarpus decorticans’, desarrollan una floración masiva que facilita la identificación de las diferentes fases durante el proceso de seguimiento. Fuente: Aspizua et al., 2012.

Un resultado sorprendente ha sido que, aunque la mayoría de las plantas tienen cambios en el inicio de la floración,  apenas varían las fechas de inicio de la dispersión. Este hecho podría deberse a una estrategia para favorecer la supervivencia de las especies.

 

Más información

Aspizua, R., Barea-Azcón, J.M., Bonet, F.J., Pérez-Luque, A.J. y Zamora, R.J. (coords.), 2012. Observatorio de Cambio Global Sierra Nevada: metodologías de seguimiento. Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía. 112 pp.

Fahrenkamp-Uppenbrink, J., Malakoff, D., Smith, J., Ash, C., & Vignieri, S., 2015. Oceans of change. Science, 350 (6262), 750-751.

Hoegh-Guldberg, O., Mumby, P. J., Hooten, A. J., Steneck, R. S., Greenfield, P., Gomez, E., … & Hatziolos, M. E. , 2007. Coral reefs under rapid climate change and ocean acidification. Science, 318(5857), 1737-1742.

IPCC, 2013. Resumen para responsables de políticas. En: Cambio Climático 2013: Bases físicas. Contribución del Grupo de trabajo I al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Stocker, T.F., D. Qin, G.-K. Plattner, M. Tignor, S.K. Allen, J. Boschung, A. Nauels, Y. Xia, V. Bex y P.M. Midgley (eds.). Cambridge University Press, Cambridge, Reino Unido y Nueva York, NY, Estados Unidos de América.

IPCC, 2014. Cambio climático 2014: Impactos, adaptación y vulnerabilidad – Resumen para responsables de políticas. Contribución del Grupo de trabajo II al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [Field, C.B., V.R. Barros, D.J. Dokken, K.J. Mach, M.D. Mastrandrea, T.E. Bilir, M. Chatterjee, K.L. Ebi, Y.O. Estrada, R.C. Genova, B. Girma, E.S. Kissel, A.N. Levy, S. MacCracken, P.R. Mastrandrea y L.L. White (eds.)]. Organización Meteorológica Mundial, Ginebra, Suiza, 34 págs. (en árabe, chino, español, francés, inglés y ruso).

NSIDC (National Snow and Ice Data Center), 2011. NSIDC News. National Snow and Ice Data Center, University of Colorado, Boulder.

Thackeray, S. J., Sparks, T. H., Frederiksen, M., Burthe, S., Bacon, P. J., Bell, J. R., … & Wanless, S., 2010. Trophic level asynchrony in rates of phenological change for marine, freshwater and terrestrial environments. Global Change Biology, 16(12), 3304-3313.

Zamora, R., Pérez-Luque, A.J., Bonet, F.J., Barea-Azcón, J.M. y Aspizua, R. (editores), 2015. La huella del cambio global en Sierra Nevada: Retos para la conservación. Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Junta de Andalucía. 208 pp.

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