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La broma de definir a una gran ciudad afirmando ‘antes todo esto era campo’ se manifiesta más real que nunca en estos meses de confinamiento. Igual que el agua recupera sus dominios, a poco que tiene la oportunidad la vida silvestre se rehace de la presencia de la especie más tóxica para la biodiversidad que ha existido. Montes y ciudades se hallan ‘a solas’ de una manera efímera, que los expertos no creen relevante, pero al menos generando un interés por fauna y flora que, esperan, sí permanezca.
Investigadores de la Universidad de Sevilla están llevando a cabo una evaluación ambiental de la calidad del aire durante el periodo de confinamiento por la crisis sanitaria del COVID-19 en la comunidad autónoma de Andalucía. Se hará un estudio comparativo con la situación ambiental previa a marzo de 2020, desde el año 2019, y con la situación ambiental posterior, pasado el estado de alarma.
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha demostrado que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX las zonas donde esta especie de ave podía vivir han derivado hacia una mayor intensificación del uso urbano y agrícola, con aumento de cultivos forestales y regadíos intensivos, y una reducción de los cultivos de secano extensivos y las zonas de matorrales.
La Universidad de Córdoba participa en la primera puesta a punto de un modelo hidrológico a escala de cuenca como modelo global para avanzar en las predicciones hidrológicas mundiales.
El confinamiento que vivimos en muchas regiones del mundo para luchar contra la pandemia de la COVID-19 –uno de los mayores desastres globales desde la II Guerra Mundial– está teniendo algunos efectos sobre el medioambiente que invitan a reflexionar. En la medida de lo posible, podemos extraer algunas lecciones tanto sobre dichos efectos como sobre las acciones a adoptar.
La Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, a través del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA), está impulsando un proyecto para desarrollar un sistema para la dehesa y, en general para paisajes tipo sabana, que determine el uso de agua y la producción de biomasa, y así facilitar los procesos de toma de decisiones y favorecer un desarrollo rural sostenible, abordando también posibles escenarios de condiciones climáticas extremas.
IFAPA firma un convenio con Montarsa Medioambiente, especializada en el diagnóstico y tratamiento de plagas y enfermedades forestales
La variación en las condiciones climáticas, como la temperatura, los patrones de lluvia y la humedad, tiene un efecto profundo en la longevidad del mosquito y en el desarrollo de los parásitos de la malaria en el mosquito y, en consecuencia, en la transmisión de la enfermedad.