Los polinizadores silvestres, fundamentales en la agricultura
No solo las abejas, sino también otros insectos polinizadores silvestres como las moscas, los escarabajos, las polillas, las mariposas, las hormigas y las avispas cumplen un papel clave en la producción agrícola global. Un equipo con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha recopilado 39 estudios en cinco continentes. En ellos se comparan los beneficios en la polinización de los insectos salvajes con las abejas. Los resultados aparecen publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Las abejas, tanto las salvajes como las domésticas, son consideradas los insectos más efectivos en la polinización de los cultivos de todo el mundo. No obstante, la contribución que llevan a cabo otros polinizadores cumple, según esta investigación, “un papel importante” en la producción agrícola y en la estabilidad de cara al cambio climático.
Según las mediciones de los investigadores, los insectos al margen de las abejas contabilizan entre el 25% y el 50% de las visitas a las flores. “Nuestros resultados indican que estos insectos aportan un beneficio a los cultivos que es único”, indica Ignasi Bartomeus, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana.
De hecho, los insectos silvestres responden de forma diferente a las abejas a la presencia de vegetación natural en el entorno, un hallazgo que podría tener implicaciones a la hora de afrontar cualquier cambio que se produzca en el uso del suelo. “El servicio que aporta el resto de insectos es valioso y da cierta seguridad para afrontar este problema”, destaca Bartomeus.
El trabajo también sugiere que no está todo perdido con el declive de las poblaciones de abejas y que ambos grupos de insectos son necesarios para una producción “óptima”. “Aunque estos insectos son menos efectivos que las abejas, superan ligeramente las visitas a las flores, así que se compensa el papel que cumplen en la polinización”, asegura Romina Rader, de la Universidad de Nueva Inglaterra (Australia), autora principal del estudio.
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