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| 09 Ago 2013

¡Di no a la extinción de los Tuataras!

Fuente: Divulgare

En esta ocasión hablamos de varios temas ligados: las admirables adaptaciones que han adquirido a lo largo del tiempo algunos organismos peculiares, en este caso, los Tuataras o Esfenodones, el cambio climático y las terribles consecuencias que la introducción de gatos y otros mamíferos están teniendo en algunos ecosistemas insulares (un tema recurrente en nuestro blog y en nuestros estudios, y al que hemos dedicado un vídeo).

Pues resulta que indagando en porqué Iván, nuestro infografista, pudo haber elegido el alias artístico de “Esfenodon”, me encontré con la historia de unos organismos fascinantes, que han sobrevivido hasta nuestros días con unas adaptaciones asombrosas y exclusivas. Y digo “hasta nuestros días”….

Sólo para que el lector se haga una idea, comento aquí algunas de estas peculiaridades que hacen tan especial a este género de reptiles “fósiles” con únicamente dos especies vivas en la actualidad.

El Tuatara o Esfenodón (Sphenodon sp.), un reptil “fósil” que hoy en día se encuentra únicamente en algunas islas de Nueva Zelanda, es el único superviviente de un grupo de reptiles que se originaron hace más de 150 millones de años, durante el Jurásico. Son carnívoros, solitarios, con una dieta basada en insectos, caracoles, lagartos, huevos y crías de aves. Cazan su alimento durante la noche. De día prefieren descansar sobre las rocas para tomar el sol. A diferencia de otros reptiles, los tuataras se encuentran cómodos con temperaturas frías, mientras que las temperaturas superiores a los 25°C pueden ser letales para ellos.

Durante muchos años, los científicos se han preguntado qué razones les han llevado a persistir mientras sus congéneres se han extinguido.

Figura 1.- Cladograma simplificado de los Rhynchocephalia datado en el tiempo. Se puede observar que de todos los linajes originados durante el Triásico y el Jurásico, solo los reptiles actuales escamosos (lagartos, camaleones, iguanas, geckos, serpientes y culebrillas ciegas, incluidas en los Squamata) y los Tuataras (`Sphenodon´) persisten. El resto de linajes se han extinguido. La presencia de diferentes características que permiten un mejor masticado de los alimentos se muestra con círculos rellenos. Se puede observar que únicamente hay constancia de su presencia en el linaje de los Esfenodones [Figura tomada de Jones M.E.H. (2012). The anatomical record 295:1075–1091].

Figura 1.- Cladograma simplificado de los Rhynchocephalia datado en el tiempo. Se puede observar que de todos los linajes originados durante el Triásico y el Jurásico, solo los reptiles actuales escamosos (lagartos, camaleones, iguanas, geckos, serpientes y culebrillas ciegas, incluidas en los Squamata) y los Tuataras (`Sphenodon´) persisten. El resto de linajes se han extinguido. La presencia de diferentes características que permiten un mejor masticado de los alimentos se muestra con círculos rellenos. Se puede observar que únicamente hay constancia de su presencia en el linaje de los Esfenodones [Figura tomada de Jones M.E.H. (2012). The anatomical record 295:1075–1091].

Aunque, las razones son más complejas, llaman mucho la atención las adaptaciones que tienen para la masticación. Su peculiar forma de procesar el alimento se debe a la presencia de algunas características exclusivas como una sínfisis intermandibular muy flexible o una disposición de los dientes que le permite masticar los alimentos imitando a una cizalla: los dientes de la mandíbula inferior se cierran entre dos filas de dientes superiores (cizalla) antes de deslizarse hacia adelante para rebanar los alimentos simulando un corte de sierra. De esta manera, estos reptiles mastican su alimento de una manera muy eficiente y diferente a cualquier otro animal en el planeta (desafiando la percepción generalizada de que la capacidad de masticación compleja está estrechamente relacionada con el metabolismo alto). Algunos autores han sugerido que esta eficiencia en la alimentación es de gran relevancia cuando la fuente de alimentos es impredecible, como ocurre en el caso de los tuataras.

 

Figura 2.- La presencia de dos filas de dientes en la mandíbula superior de los tuataras facilita la masticación. Los dientes de la mandíbula inferior se cierren entre dos filas de dientes superiores rebanando el alimento (rectángulo negro) a modo de cizalla [Figura modificada de Jones M.E.H. (2012). The anatomical record 295:1075–1091].

Figura 2.- La presencia de dos filas de dientes en la mandíbula superior de los tuataras facilita la masticación. Los dientes de la mandíbula inferior se cierren entre dos filas de dientes superiores rebanando el alimento (rectángulo negro) a modo de cizalla [Figura modificada de Jones M.E.H. (2012). The anatomical record 295:1075–1091].

Figura 3.- La flexibilidad de la sínfisis intermandibular permite que la mandíbula inferior se deslice hacia adelante para rebanar los alimentos simulando un corte de sierra [Figura modificada de Jones M.E.H. (2012). The anatomical record 295:1075–1091].

Figura 3.- La flexibilidad de la sínfisis intermandibular permite que la mandíbula inferior se deslice hacia adelante para rebanar los alimentos simulando un corte de sierra [Figura modificada de Jones M.E.H. (2012). The anatomical record 295:1075–1091redecible, como ocurre en el caso de los tuataras.

 

Pero entre los numerosos caracteres que éstos reptiles han conservado sin modificar durante 200 millones de años, se halla también un ojo pineal bien desarrollado. El ojo pineal o “tercer ojo” es una prolongación de la glándula pineal o epífisis, que se identifica como una ligera protuberancia frontal cubierta de escamas. Este ojo les permite detectar la radiación infrarroja, con lo que regulan el metabolismo en función del sol y se cree que también les sirve para detectar y capturar a sus presas en la oscuridad.

Una última curiosidad de estos curiosos reptiles es que son muy longevos, pudiendo llegar a los 100 años con capacidad reproductora! Si, como leéis! Igual que el padre de un famoso cantante español…. Llegan a la madurez sexual aproximadamente a los 10 años. La hembra entra en celo una vez cada 4 años. El macho se vuelve más oscuro durante el cortejo, y las espinas de su espalda se levantan. Da vueltas alrededor de la hembra, y si ella está lista moverá su cabeza y comenzará la cópula. La hembra efectúa una puesta de 19 huevos aproximadamente y los incuba por un periodo de 15 meses. Pero lo más interesante es que el sexo de las crías depende de la temperatura de incubación. Cuando la temperatura es próxima a los 21 °C hay una probabilidad similar de que los nuevos tuataras sean macho o hembra. Sin embargo un incremento de la temperatura aumenta de manera significativa la probabilidad de que la descendencia sean machos. De manera inversa, si los huevos son incubados a temperaturas bajas, la probabilidad de que la descendencia sea exclusivamente femenina se verá incrementada. Y esto, trae de cabeza a muchos conservacionistas y gestores…

¿Porqué? Pues porque el hecho de que la temperatura ambiental durante la cría determine el sexo, puede sesgar (y de hecho ya empiezan a detectarse algunos cambios) la proporción de sexos en las poblaciones naturales, con los problemas de apareamiento que esto conllevará en un futuro: si las temperaturas continúan subiendo, las futuras poblaciones estarán formadas exclusivamente por machos!

A pesar de sus adaptaciones y de haber tenido una distribución más amplia en tiempos pretéritos, en la actualidad estos reptiles fósiles se encuentran restringidos a diversos islote de Nueva Zelanda, con poblaciones en declive.

Los problemas en la actualidad vienen de que, debido a la introducción de especies por el hombre en estas islas, de repente se han encontrado con un autentico problema para el que no estaban preparados. Los gatos, ratas y mustélidos han causado verdaderos estragos, diezmando o extinguiendo sus poblaciones en algunas de las islas que habitaban.

Tuatara y gato

Tuatara y gato

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