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| 19 Abr 2015

Herbarios, memoria de la biodiversidad

Derecha , Destacados

Las plantas son parte fundamental para conocer la historia: la de la flora y la fauna, la de los ecosistemas o la de los paisajes y regiones. Por eso, apuntan los expertos, es necesaria su preservación en lugares como el Herbario MGC de la Universidad de Málaga, uno de los más antiguos de Andalucía
Imagen de los investigadores durante una salida de campo en el Barranco de los Presillejos (Sierra de Tejeda).

Imagen de los investigadores durante una salida de campo en el Barranco de los Presillejos (Sierra de Tejeda).

Los herbarios son lugares donde se conserva la memoria histórica, aquélla que las plantas almacenan en sus raíces, hojas o flores. A través de ellas, es posible conocer la evolución vegetal de una región, los cambios de flora ocurridos en una época determinada, las variaciones de las características del suelo, las peculiaridades de un ecosistema o las especies vegetales no autóctonas que han ‘invadido’ un área concreta provocando modificaciones en el paisaje. En definitiva, los herbarios permiten reconstruir la historia de la biodiversidad. Por eso, afirman los expertos, el material que en él se deposita es una fuente irreemplazable de conocimiento que debe ser preservado.

Esta labor de conservación está presente en todo el recorrido que realiza una planta desde que es recolectada en el campo hasta su clasificación en el lugar que le corresponde dentro del herbario. En la Universidad de Málaga, en el Departamento de Biología Vegetal primero y, a partir del año 2010, en el Servicio Central de Apoyo a la Investigación (SCAI), este proceso de preservación de la biodiversidad se lleva desarrollando desde 1972, año en el que se inicia la colección científica de material vegetal, es decir, de la fundación de su Herbario MGC, uno de los más antiguos y con mayor riqueza de especies de Andalucía.

El itinerario comienza con la entrada de la planta al herbario. Nada más llegar, ésta recibe un número de registro que va asociado a una libreta de campo en la que se ha anotado toda la información relacionada con la recogida (fecha, lugar, tipo de suelo, plantas de la zona…). Estos datos servirán para elaborar una etiqueta –que se pegará al pliego de papel o pliego de herbario donde se introduce la especie ya seca- y una ficha que se incorporará a la base de datos.

Imagen del interior del Herbario MGC de la Universidad de Málaga.

Imagen del interior del Herbario MGC de la Universidad de Málaga.

Prensar y congelar

Una vez que la planta está ‘fichada’, es sometida a un proceso de prensado cuyo objetivo no es otro que evitar uno de los dos factores que puede propiciar su degradación: la proliferación de hongos y/o bacterias. “El agua que contiene la planta en el momento de cortarla es el medio idóneo para que se desarrollen microorganismos que se alimentan de la propia especie. Se inicia así el proceso de putrefacción o degradación de la materia orgánica. Ésta es la primera batalla que tenemos que librar para conservar la planta”, explica José García Sánchez, técnico-conservador del herbario malagueño y uno de los responsables de su mantenimiento junto a Baltasar Cabezudo, director científico del Herbario MGC desde 1982 y catedrático de Botánica la Universidad de Málaga.

El segundo ‘frente’ son los insectos que pueden comerse las plantas, frescas o secas. Entre los más habituales destacan el gorgojo del pan, –comúnmente llamado coco-, unos pequeños escarabajos similares a los que se pueden encontrar en la cocina, entre la harina, la pasta o los cereales, y la Lasioderma serricorne, o gorgojo del tabaco, otro diminuto insecto de color marrón anaranjado dañino para la especie vegetal.

Según los especialistas, el principal problema de estos minúsculos animales son las puestas de huevos, inapreciables a primera vista por el ojo humano. Para combatir las posibles plagas, todos los ejemplares de nueva incorporación que ya estén secos, así como cualquier planta que haya salido de las instalaciones del herbario en préstamo para trabajos de investigación, se introducen en bolsas de plástico y pasan al congelador. “Ahí permanece, al menos, durante 48 horas a una temperatura de -20ºC, unas condiciones bajo las cuales ningún organismo vivo o sueltas de huevos consigue sobrevivir”, indica García Sánchez.

Ya que la humedad es uno de los factores que condiciona el mantenimiento de las especies, tras el proceso de congelación, las plantas permanecen uno o dos días en sus bolsas de plástico. “Si éstas se abren en el momento de ser sacadas del congelador, la diferencia de temperatura provoca la condensación de la humedad. Y, ésta a su vez, puede rehidratar la planta seca, con la consiguiente aparición de hongos o bacterias”, aclara el conservador del herbario.

Sólo cuando el material vegetal ha pasado por estos procedimientos –y sus datos han sido informatizados- se produce su entrada en el herbario propiamente dicho. Antes de su congelación, cada ejemplar ha sido preparado minuciosamente para su montaje en un pliego de herbario. “De esa forma –prosigue el técnico responsable- al finalizar el proceso de descongelado, los pliegos llegan directamente al herbario donde son introducidos en unas cajas de cartón, numeradas y cerradas, que son debidamente clasificadas en las estanterías por grupos, familias, géneros y especies”.

Servicio de préstamo

La aplicación de estas medidas de conservación –a las que se suman otras de carácter preventivo como la fumigación dos veces al año o la colocación de trampas con feromonas para atraer a los machos y evitar que puedan reproducirse- garantiza que se puedan cumplir las funciones y servicios que presta el herbario.

Imagen de un pliego.

Imagen de un pliego.

Uno de los más importantes es la custodia de los ejemplares que los investigadores de la Universidad de Málaga o de otros centros les ceden, procedentes de trabajos o proyectos de investigación. Por esta razón, el préstamo del material vegetal a científicos del propio centro universitario o de otras instituciones públicas, nacionales o internacionales, se realiza de forma muy controlada. “Una de las principales funciones del herbario es servir de soporte a la investigación y la docencia. De ahí que el 10 por ciento, aproximadamente, esté en préstamo”, indica García Sánchez.

Estas cesiones suelen durar seis meses, prorrogables por el mismo período hasta que la persona solicitante lo requiera. “Durante todo el tiempo estamos en contacto con el investigador para corroborar que la planta está perfectas condiciones y para preguntar si desea ampliar el plazo de préstamo”, prosidgue. Como nota curiosa, el conservador revela que algunos pliegos han estado prestados durante 20 años aunque, indica, “son casos excepcionales”.

Todas las especies del herbario están sujetas a préstamo salvo dos excepciones: las plantas de especial interés histórico, ya sea por su antigüedad o por la persona que la haya recolectado, por ejemplo, un botánico de reconocido prestigio; y las denominadas plantas tipo, es decir, aquellas plantas de referencia a partir de las cuales se describen nuevas especies. “Debido a su valor científico, éstas permanecen siempre en el herbario y su préstamo sólo se realiza mediante el envío de imágenes escaneadas o consultas in situ”, añade.

Herbario vivo

Además de las aportaciones realizadas por los investigadores, la otra fuente de material vegetal que recibe el herbario procede de las campañas periódicas de recolección que lleva a cabo el personal del herbario.

Estas salidas al campo se hacen principalmente en la provincia de Málaga, sobre todo a zonas poco estudiadas. “Gracias a la digitalización de los pliegos, podemos saber cuáles son las áreas menos representadas. Estas zonas son nuestra prioridad ya que una de nuestras funciones es conocer la biodiversidad del territorio geográfico”, explica José García. De esta forma se consigue también que el herbario esté en permanente actualización, que sea un herbario vivo.

Icono del Herbario MGC de la Universidad de Málaga.

Icono del Herbario MGC de la Universidad de Málaga.

Amplia colección

La riqueza de material vegetal se pone de manifiesto en las cuatro colecciones principales del herbario malagueño: Cormófitos o plantas vasculares, que son plantas con una estructura compleja. Éstas se dividen, a su vez, en angiospermas (plantas con flor), gimnospermas (las que tiene piñas: pinos, cedros, cipreses, etc.) y helechos; Briófitos o musgos, plantas no vasculares y más primitivas y menos desarrolladas que los Cormófitos; Algas; y Líquenes.

En total, entre las cuatro suman casi 89.000 pliegos de herbario. De ellas, el 53 por ciento son ejemplares pertenecientes a la provincia de Málaga, un 29 por ciento del resto de Andalucía y norte de África, un 11 por ciento de España (estando representadas todas sus provincias) y un 7 por ciento del resto del mundo, representado por unos 50 países de Europa, África o América del Sur.

Junto a estas cuatro colecciones, el Herbario presume de tener una palinoteca de referencia que alberga más de 1.500 muestras de polen puro. Además, destaca la colección aerobiológica, integrada por unas 17.000 muestras de aire, la mayoría de ellas procedente de la ciudad de Málaga y de otras poblaciones de la provincia como Antequera, Estepona, Nerja y Vélez-Málaga, pero también de la ciudad alemana de Münster o de Tetuán, en el norte de Marruecos. Y, finalmente, una colección de muestras de mieles que se utiliza, por ejemplo, para comprobar la calidad de este alimento.

Todos los pliegos del herbario están informatizados en una base de datos para uso interno pero también externo ya que el herbario está asociado al proyecto GBIF (Global Biodiversity Information Facility), www.gbif.org, la mayor fuente de información mundial sobre la biodiversidad a la que se puede acceder a través de los diversos portales de búsqueda vinculados al proyecto, como por ejemplo, www.gbif.eswww.gbif.netwww.biocase.org o www.eol.org.

Con la divulgación y difusión de los contenidos científicos, se cierra un ciclo que comenzó con la recolección de la planta en campo. Desde ese primer momento, cobra sentido la función principal del herbario: servir de guardián de la diversidad vegetal.

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