Determinan la frecuencia de entrada de basura en el mar Mediterráneo
Un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz ha combinado imágenes de satélite y modelos matemáticos para identificar el origen y las causas de la formación de hileras de residuos flotantes en la cuenca mediterránea noroccidental. Esta tecnología permite reconstruir una línea temporal detallada del proceso y muestra cómo los eventos climáticos extremos, principalmente lluvias torrenciales, pueden inyectar grandes cantidades de basura al medio marino. Durante los 3 meses analizados, los expertos calcularon la entrada de 50 toneladas de desechos al mar, la gran mayoría concentrada en un evento de entrada de tan solo tres días de duración.
El grupo de investigación de la Universidad de Cádiz ‘Estructura y dinámica de ecosistemas acuáticos’ ha diseñado un sistema que establece una línea temporal para detectar y monitorizar los residuos en el Mediterráneo. Para ello, ha aplicado una técnica basada en imágenes satelitales y modelos matemáticos. La metodología analiza cómo y cuándo eventos climáticos extremos, principalmente lluvias torrenciales, introducen grandes cantidades de basura mar adentro que se agregan en forma de hileras, denominadas regueros.
En concreto, el estudio muestra como la entrada de plástico al mar está fuertemente regulada por los eventos de fuertes lluvias y la crecida de nivel de los ríos. En cifras, los expertos detectaron la entrada de 50 toneladas de basura en 90 días, corroborando así que el Mediterráneo es una gran zona de acumulación de basuras del mundo, como ya reflejaran en un estudio previo donde elaboraron el primer mapa global de acumulación de desechos plásticos flotantes.
La mejora de esta herramienta predictiva, actualmente en pruebas de desarrollo, permitirá anticipar con varios días de margen tras la detección de una borrasca la llegada de residuos a las playas, facilitar tareas de limpieza y poner en marcha medidas de contención ambiental.
Según los resultados de este estudio, titulado ‘Storyline of an event of marine litter input and windrow formation in the Northwestern Mediterranean Sea’ y publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, los regueros de basura marina son filamentos de algunos metros de anchura que pueden alcanzar más de 20 kilómetros de longitud, acumulando en su interior plásticos, restos vegetales, polen e incluso mucílago marino, una especie de espuma persistente formada en aguas sobrecargadas de nutrientes como resultado del clima cálido y la contaminación del agua.
Toda esa basura marina entra en el mar a través de pulsos, es decir, de forma intermitente. Además, estos pulsos que inyectan basura en el mar se registran tras algún evento climático extremo, como por ejemplo fuertes lluvias.
En concreto, el estudio refleja que la mayor parte de la basura entra al mar durante la denominada first flash —la primera crecida tras lluvias intensas— en apenas horas o pocos días. “Los ríos cortos y las áreas urbanas responden casi de inmediato, mientras que los pulsos de descarga de basura desde grandes ríos como el Ródano presentan un retraso de dos a tres días respecto al pico de lluvias”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Cádiz Andrés Cózar, autor del estudio.
‘Storyline’ oceanográfico
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron cada día durante tres meses consecutivos diferentes variables de un episodio concreto ocurrido en el Mediterráneo noroccidental.
Para ello, aplicaron por primera vez en oceanografía la metodología denominada storyline, utilizada en climatología como una herramienta clave para hacer más tangibles y comprensibles los eventos climáticos extremos. Este enfoque, aplicado a la oceanografía y en este caso concreto del monitoreo de acumulaciones de basura marina, facilita la reconstrucción de la línea argumental completa de un evento extremo, desde la formación de las borrascas hasta la dispersión final de la basura en mar abierto.
Durante el estudio, los expertos caracterizaron las condiciones climatológicas de la zona desde la que entró la borrasca. También observaron los efectos de la lluvia, cómo respondían los ríos a las correntías y continuaron observando el despliegue de la basura. “La utilización de satélites ofrece una visión del océano que no es posible tener desde un barco. Así comprobamos que los residuos se dispersaron y llegaron a alcanzar hasta 300 kilómetros de distancia desde la costa, y que días más tarde, parte de ellos fueron devueltos a las playas”, comenta el investigador de la UCA.
En concreto, durante los 90 días de estudio, los expertos cifraron en 50 toneladas la basura que entró al mar desde la tierra. “De toda esta cantidad, 26 toneladas, el 52% del total, correspondía a material flotante. De ellas, el 32% aproximadamente terminaría hundiéndose progresivamente, mientras que el 68% acabaría llegando a las playas. Las otras 24 toneladas restantes se depositaron directamente en los fondos marinos cercanos a costa”, cuantifica Cózar.
El objetivo de este nuevo enfoque se centra en comprobar la correlación entre fenómenos climáticos, hidrológicos y oceanográficos, para poder prevenir consecuencias medioambientales irreversibles. “Los regueros de basura son estructuras formadas en la superficie del océano que pueden acumular plásticos, restos vegetales, trozos de cañas, aluviones de lúas, polen e incluso mucílago marino, también llamado moco marino, una sustancia que forma a menudo grandes cantidades de espuma y que es consecuencia de la proliferación masiva de algas, el aumento de la temperatura del agua y la contaminación”, especifica Cózar.
Cada dos años
En cuanto a la frecuencia con la que se producen estos pulsos extremos de entrada de basura de tierra a mar, los expertos han corroborado que eventos de esta magnitud ocurren, en promedio, cada dos o tres años en el Mediterráneo. “No obstante, un solo episodio de gran intensidad puede alterar significativamente los patrones de acumulación observados”.
En este sentido, los expertos han reafirmado la clasificación del Mediterráneo como la sexta gran zona de acumulación de plástico, ya señalada en investigaciones previas realizadas por este grupo de investigación.
Junto con estas conclusiones, los investigadores han comprobado además que los regueros se pueden extender algunas decenas de kilómetros en el mar, equivalentes. “Aunque su ancho suele rondar los 10 metros, su longitud puede ser extraordinaria: el récord documentado en el Mediterráneo supera los 20 kilómetros, lo que equivale a la longitud de ciudad de Málaga”, indica Cózar.
Futuros pasos: hacia un sistema predictivo
Según incluyen los autores en su publicación, este trabajo cuenta con financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y de la Agencia Espacial Europea y se encuentra en fase experimental en campo.
El siguiente paso en el que trabajan los expertos se centra en desarrollar un sistema que automatice de forma global la descarga y análisis de imágenes, así como la posibilidad de generar alertas tempranas y ofrecer información en tiempo real a las administraciones. “Pretendemos que esta metodología sea capaz de anticipar, con varios días de margen tras la detección de una borrasca, la llegada de basura a playas concretas, facilitando tareas de limpieza y mitigación”, concluye Cózar.
En paralelo, este grupo de investigación está trabajando en la recuperación y obtención de nuevos datos hidrológicos y ecológicos de la laguna de la Janda, hoy desecada, que se situaba entre los términos municipales de Vejer de la Frontera, Benalup-Casas Viejas y Tarifa.
Reportaje iDescubre: Buscando la pista de cómo y cuándo entra basura al mar Mediterráneo
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