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Fotografía ilustrativa del artículo
| 04 Mar 2026

Revelan la compleja historia evolutiva de los tomillos blancos

Los tomillos son plantas aromáticas esenciales de los ecosistemas mediterráneos que desempeñan un papel fundamental en la formación de las comunidades vegetales, teniendo además gran importancia económica. Entre ellos están dos especies endémicas de la Península Ibérica: la mejorana (Thymus mastichina), especie con usos culinarios y medicinales; y el tomillo blanco (Thymus albicans), en sentido estricto, la especie hermana que está amenazada y cuya distribución se limita a los arenales del suroeste peninsular.

Este reciente estudio, liderado por Regina Berjano, investigadora de la Universidad de Sevilla, junto con Lisa Pokorny, del Real Jardín Botánico (RJB-CSIC), y en colaboración con investigadores de las Universidades de Sevilla y Córdoba, ha analizado 40 poblaciones de tomillos blancos mediante la técnica genómica Hyb-Seq. Esta técnica, según explica Lisa Pokorny, permite la captura masiva de cientos de marcadores del núcleo y de los organelos, para estudiar la diversidad genética de los organismos con una resolución muy superior a los métodos tradicionales. Así, ha sido posible desentrañar una compleja historia evolutiva, hasta ahora oculta, y proponer mejoras críticas en la gestión para la conservación de los tomillos blancos, afirma la Dra. Berjano.

Los resultados de este estudio han identificado dos grandes linajes en la Península, diferenciados por el número de copias de su material genético (nivel de ploidía) o, dicho de otra forma, por su número de cromosomas por núcleo. Estos linajes no se corresponden con los rasgos morfológicos hasta ahora empleados para distinguir las especies de este grupo. El investigador Francisco José García Cárdenas, primer autor del estudio, explica que, por un lado, existe un linaje tetraploide (con cuatro copias de su material genético), con mayor distribución geográfica y genéticamente homogéneo y, por otro lado, hay un linaje diploide (con dos copias), que está mucho más restringido geográficamente. Dentro del linaje diploide, ha sido posible diferenciar hasta cuatro subgrupos con una fuerte identidad geográfica: Algarve, Cádiz, Doñana y la región Hercínica (zonas del interior peninsular). Para sorpresa de los autores, existe evidencia clara de intercambio genético entre los linajes diploide y tetraploide. Aunque durante mucho tiempo se creyó que las diferencias en nivel de ploidía impedían casi por completo la reproducción entre individuos, estos resultados indican que pueden existir “puentes” genéticos entre ellos.

En conjunto, este trabajo pone de manifiesto la existencia de una diversidad genética oculta en los tomillos blancos ibéricos, difícil de detectar únicamente a partir de los caracteres morfológicos tradicionales. Por ello, los autores subrayan la necesidad de una clasificación taxonómica más integradora, que combine datos genómicos, citológicos y ecológicos para el estudio de grupos con historias evolutivas complejas. Desde el punto de vista de la conservación, recomiendan prestar especial atención a los cuatro subgrupos diploides del suroeste peninsular, ya que albergan (en conjunto) un valioso potencial de adaptación y resiliencia frente a futuros cambios ambientales. Por el momento, el nivel de ploidía —determinado mediante citometría de flujo— es el único carácter que permite diferenciar claramente las dos especies del grupo, convirtiéndose en un aliado clave para diferenciar, proteger y gestionar de manera más efectiva la diversidad genética de estos tomillos emblemáticos de la Península Ibérica.

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